Botellones, peleas y drogas: una noche de patrulla con la Policía Local de Granada

 

La unidad Dauro patrulla algunas de las zonas más conflictivas de la capital, que en una noche «tranquila» de verano es escenario de todo tipo de sucesos.

Es un silencio truncado que incomoda. Apenas algún grillo, la música lejana de un pub y los coches que apuñalan en la Circunvalación el bochorno de un miércoles de finales de julio. A las 23.30 en la puerta de la comisaría de Policía Local, una de las unidades Dauro ya está lista para la guardia de una madrugada de verano cualquiera. Puede ocurrir de todo.

Para los policías, la Granada que emerge al caer la noche no tiene demasiadas sorpresas. Para el profano, todo es nuevo bajo las luces azules del furgón: botellones, agresiones machistas, trapicheo de droga, casas okupadas, timbas en plena calle...

Se tratará de en una madrugada «tranquila»... que terminó en tiroteo. La noche empieza sin sobresaltos: un incendio en Zona Norte y un chaval trasladado a comisaría. Alguna llamada por ruido y poco más. En la sala desde la que gestionan los avisos por teléfono, uno de los policías de guardia –se protege la identidad de todos ellos, por seguridad– explica que lo más común en una velada como esta es recibir alertas por fiestas y botellones, agresiones –llama la atención sobre la cantidad de avisos por violencia de género– o algún robo en domicilios.

En el furgón, los agentes comprueban que todo el material está a mano y planean la jornada: tienen una ruta fijada –en un documento al que llaman minuta– por aquellos lugares conflictivos en los que los vecinos reclaman más vigilancia. Pero lo cierto es que el recorrido suele quedar de lado. La primera parada es el Huerto del Carlos, punto habitual de botellón hacia donde la unidad, con cinco policías y los dos periodistas a bordo, se dirige por la calle Recogidas. Entra el primer aviso: una alcantarilla frente al teatro Isabel la Católica echa humo. El asunto queda en manos de otra unidad y de los Bomberos.

Del gato en el árbol a la caída del anciano

La Policía Local atiende todo tipo de llamadas :desde animales atrapados a ancianos que han sufrido una caída en casa. Son comunes los avisos por ruidos en pisos o terrazas, los botellones, aparcamientos frente a cocheras y agresiones. Entre ellas, destacan el crecimiento en agresiones machistas. Recuerdan, por ejemplo, el caso de hace un par de semanas, cuando un hombre arrastró a una mujer por la calle Pavaneras. Todo ello se gestiona en la sala de coordinación, donde dos o tres agentes vigilan las cámaras de seguridad –entre ellas las ubicadas en el Albaicín– y atienden los avisos que llegan desde otros servicios de emergencia y de los propios ciudadanos. En función de la relevancia de la llamada, mandan a una o varias unidades, explica José Cañigueral, subinspector jefe de sala. Hasta las 3 o 4 de la madrugada lo más habitual es que las llamadas tengan que ver con problemas de ruidos. Apartir de entonces llegan los casos de seguridad ciudadana. La unidad Dauro es la encargada de controlar las zonas en las que las asociaciones vecinales piden mayor vigilancia.

 

Alas 00.21, cuando el furgón cruza el Paseo de los Tristes, unos vecinos de la Chana alertan de que un grupo de jóvenes enturbia el descanso junto al bulevar. Y 14 minutos después, el furgón llega a la zona de Las Perlas. La escena es de película: los agentes saltan de la furgoneta porque ven huir a uno de los jóvenes. Lo hace en vano. Tira algo a una zona de tierra cercana. La Policía, después de cachear y revisar el entorno, localiza un recipiente de plástico con una piedra de hachís. Avisa de que denunciarán a todos si no aparece el dueño de la droga; y el joven, uno entre una docena, confiesa mientras otro se aventura a preguntar a un agente dónde puede reclamar la multa.

Alcol y drogas

Avanza la noche bajo la certeza de que hay un par de puntos de la capital en los que, casi con total seguridad, encontrarán algo. Por fin hay tiempo para ir a uno de ellos: el Huerto del Carlos, una terraza de botellón con vistas a la Alhambra. Casi a las dos de la madrugada hay unos quince jóvenes con cervezas y una guitarra. Identifican a todos y firman varias denuncias por consumo de alcohol en la vía pública. Lo curioso es que dos de los presentes parecen no entender la situación y siguen allí como si nada, ajenos...

Entretanto, una chica pide que no denuncien a un chaval que ha llegado allí, recién salido del trabajo, para 'desconectar'. «¿Me van a multar? Me parece desproporcionado. Me deja sin comer, ni pagar el piso ni nada», le dice el chico a un agente, que luego le explica que no habrá sanción. Otro recrimina que hay cosas más importantes que vigilar, y «mejores temas que sacar en el periódico». Veinte litros de cerveza rebosan de una de las papeleras del mirador.

La pareja que pudo escapar indemne se lleva finalmente la multa. Las infracciones a la ordenanza de la convivencia son también costumbre en las noches de verano. En invierno es protagonista el ruido en los pisos.

No hay tiempo para descansar y ya suena por radio otro aviso. Un vecino ha visto a dos jóvenes vendiendo droga en una perpendicular a la calle Elvira. La 'poli' tiene experiencia en esto: deciden que dos agentes entren por un extremo y otros, en el furgón, lo hagan por la calle Elvira. Después de peinar el laberinto no dan con los supuestos camellos, pero encuentran a dos jóvenes –otra vez– consumiendo alcohol junto a Correo Viejo. Los identifican. Uno es ya conocido entre los agentes y el otro apenas sabe decir dónde vive: muestra un papel arrugado a modo de identificación. Derrotado, relata que ha vivido en una casa okupa y que a veces duerme en la calle.

La desigualdad social se perfila frente a la penumbra de la noche. Alcohol y drogas se convierten en vía de salida para quienes creen –y posiblemente así sea– que todo está perdido. La persecución de calle Elvira se repite en la calle Sagrada Familia de la Chana, donde cachean a dos jóvenes... un tercero ha salido corriendo.

Y hay más. Previo paso por comisaría para reponer fuerzas, a las 3.07 la unidad llega a las escalerillas de Hacienda. Un punto habitual de botellón que trae de cabeza a los vecinos, que no pegan ojo. Han encontrado allí, en la calle Santa Bárbara, hasta a 200 personas. Pero es finales de julio... la fiesta se retrasará. Dos chavales –que no consiguen identificar– con bolsitas de marihuana acaban en comisaría.

https://www.ideal.es/granada/botellones-peleas-drogas-20180805214042-nt.html

Fecha: 
Domingo, 5 Agosto, 2018 - 10:00
FechaCaducidad: 
Miércoles, 5 Diciembre, 2018